CRITICARTE: La civilización de la incivilización

CRITICARTE: La civilización de la incivilización

La civilización actual no va hacia un abismo, como piensan muchos. Ya está en caída libre y lo único que la frenará será el tortazo final.

Entre los super valores de la nueva incivilización están la mediocridad, el oportunismo, la falta de sentido común y la incultura, por solo mencionar algunos.

Tomemos de conejillo de Indias a la actriz Kate Winslet, quien se acaba de montar en el guardafangos del oportunismo de la guagua del MeToo, donde sí hay muchos casos detestables y condenables. Pero el de ella es el típico caso oportunista de las personas traidoras por naturalezas. Salió a estas alturas con el siguiente panfleto vomitivo en una entrevista en Variety: «¿qué cojones hacía trabajando con Woody Allen y Roman Polanski?. Para mí ahora es increíble cómo esos hombres estaban tan bien considerados y de forma tan amplia en la industria cinematográfica durante tanto tiempo. Es una jodida desgracia. Y yo tengo que asumir mi responsabilidad por el hecho de que trabajé con ambos. No puedo retroceder el reloj. Estoy luchando con el arrepentimiento, ¿pero qué hacemos si no podemos ser jodidamente honrados sobre ello?».

Kate Winslet, quien antes había trabajado con Polanski en Un dios salvaje, y con Allen en Wonder Wheel, comienza la promoción de la película Ammonite. El vomitivo se torna insoportable al saber que hace dos años y pico alabó a Woody Allen del cual dijo que «en cierto modo es una mujer» por su gran habilidad para la construcción de los personajes femeninos y entonces expresó acerca de las acusaciones recibidas por el cineasta que «no sabía si todas de esas acusaciones eran ciertas o falsas». Y que se sepa sobre eso no hay nada nuevo, a no ser la larga carta de su hijo negando todo y achacando la culpa a su mamá, la actriz Mía Farrow, a quien acusa de manipular a todos sus hijos.

Otra señal de la caída libre

Otra señal irremediable de que vamos en caída libre son las nuevas normativas de la Academia de Hollywood, consustanciales en el fondo con la política cultural del realismo socialista soviético, método de creación donde no solo se marcaban los márgenes de la creación sino el cómo, cuyos resultados son todos conocidos… aunque algunos parece que los han olvidado o nunca lo estudiaron.

De esa manera el arte, que es una de las capacidades que nos distinguen de los animales, queda relegado a un segundo plano detrás de la ética. Antes al menos se hablaba de que la ética y la estética deberían andar juntas. Ahora solo, en primer lugar, va la ética, con la cual en esencia compartimos la mayoría de los postulados. Pero el carácter regresivo y patéticamente revisionista tiene que ver con el infantilismo revolucionario que criticara el propio Vladimir Illich Lenin.

Vestir de justicia social recetas prediseñadas del cómo crear obras cinematográficas, es una tendencia tan peligrosa como el no tener en cuenta, cuando sean dramatúrgicamente necesarias las presencias que exigen las nuevas normativas para una película que quiera ganar el Oscar. Es borrar de un plumazo la cultura cinematográfica anterior; es apuntar al corazón de Chaplin por ser de piel blanca, sin conocer de su pobreza en la infancia en la cual sobrevivió a duras penas, hasta siendo el genio que era, ser incluido en la lista negra del macartismo de los años 50 en Estados Unidos, acusado de comunista; es borrar Lo que el viento se llevó como hemos visto, gracias a una lectura ahistoricista, idiota y mediocre del arte; es como -podría suceder a estas alturas- excluir también Los siete samurais, de Akira Kurozawa porque en la película no hay una pareja gay.

Premios que hablan por si solos

La mediocridad que nos arropa como incivilización en caída libre es la única que permite a la libérrima American Society of Composers, Authors and Publishers (ASCAP) otorgar el Premio al Compositor del Año a Bad Bunny, creador de finas letras como estas: Ella es callaíta’ / Pero pa’l sexo es atrevida, yo sé / Marihuana y bebida / Gozándose la vida como es».

Pero eso es nada casi ante esta perla del desamor: «Preguntándole a Dios si en verdad el amor existe / Por qué si yo era tan bueno, toa’ esta mierda tú me hiciste / Lo más cabrón es que tú ves todo como un chiste / Siempre voy a maldecir el día en que naciste…»

O este tesoro lírico que envidiaría el mismísimo Sabina: «Y aquí estoy arrebata’o / Pensando en to’a las vece’ que te lo metí / Pensando en to’a las vece’ que estuve pa’ ti / (Pa’ ti, pa’ ti, pa’ ti)».

Ninguno, sin embargo como este tema, solo comparable (según ASCAP) con Mediterráneo de Serrat: «Sigue tu camino que sin ti me va mejor / Ahora tengo a otras que me lo hacen mejor / Si antes yo era un hijueputa, ahora soy peor / Ahora soy peor, ahora soy peor por ti // Hoy yo no quiero fumar regular (no, no) / Tráiganme un kush que me haga sentir espectacular / Para celebrar que ya no estás tú para especular / Y joderme por todos los culos que tengo en el celular».

Aquello que antes llamábamos poesía

En realidad estábamos equivocados. Lectores, editores, ensayistas, escritores, críticos, estábamos equivocados con qué cosa es la Poesía. Homero, Dante, Shakespeare, Quevedo, Góngora, Cervantes, Keats, Byron, Baudelaire, Yeats, Whitman, T. S. Elliot, Williams, Pound, Seferis, Elitis, Wilde, Machado, Darío, Pessoa, Neruda, Vallejo, Borges, Paz, Storni, Bukowski, Gelman, todos eran unos mentirosos, unos bandidos que nos tomaron el pelo y nos hicieron creer que Poesía era otra cosa.

Los acaba de borrar de un plumazo el nuevo Premio Espasa de Poesía que entrega España, embolsillándole 20 mil euros a un poeta venezolano de nombre Rafael Cabaliere, ante el cual palidecerían ‘expoetas’ de su tierra como Vicente Gerbasi o Aquiles Nazoa.

«Un consejo que

te va a servir toda la vida.

A quién quiera irse

no le detengas».

Eso para ellos y muchos lectores actuales, y obviamente para el jurado, es Poesía. Lo demás es área verde.

He aquí otra muestra llena de ternura rosa:

«Hay personas que son magia

por las que darías

la vuelta al mundo

por un abrazo.

 

Personas que son

nuestro cielo»