¿CUARENTENA O ARRESTO DOMICILIARIO?

¿CUARENTENA O ARRESTO DOMICILIARIO?

El Coronavirus o Covid-19 como pandemia, ha tocado suelo quisqueyano y nos ha demostrado que no tiene preferencias con clase social, política o económica. Es más, ésta se ha manifestado en funcionarios y personalidades importantes de la sociedad, ciudadanos de clase media alta y clase alta, han sido de las víctimas de este mal.

Es una guerra, sin guerra, en la que nos toca a la humanidad luchar con un virus que nos ha tomado la delantera y de manera sigilosa ha cobrado miles de vidas en casi todos los continentes y aún, nos mantiene de rodillas, teniendo como sus mejores aliados, nuestros miedos, inseguridades, especulación, desinformación, exceso de información y el pánico generalizado.

Pero así como de siniestro es éste virus, también nos va dejando a su paso una serie de aprendizajes en todas las áreas de nuestras vidas. Y es que uno de los enseñanzas de esta enfermedad, es que la muerte nos hace iguales a todos y que en esencia, fuera de los agregados que nos da el dinero, una función o las circunstancias, al margen de todo eso, todos somos seres humanos, frágiles e indefensos por momentos.

Como abogados, siempre vemos todos los acontecimientos desde el punto de vista legal, por lo que en esta ocasión hemos analizado somera, legal y constitucionalmente, estas dos situaciones que afectan el goce del derecho a la libertad y con el interés de hacer una especie de símil entre la cuarentena y el arresto domiciliario. Esto así, porque en ambas circunstancias se limita el derecho a la libertad, y cómo la primera, puede hacernos tomar conciencia de la segunda para concluir que la manera en que se maneja este bien jurídico en general en nuestro sistema procesal, debe ser razonada.

Es así que la idea central, es el derecho a la libertad y como la pandemia nos ha llevado a una cuarentena que nos pone a pensar con respecto a la libertad y muy especialmente cuando esta se restringe mediante la aplicación del arresto domiciliario, por lo que tratamos de resaltar el valor transcendental para el ser humano, analizando sus implicaciones y aquellas cosas que podemos aprender de esta cuarentena que se asemeja mucho a un arresto domiciliario y que al retomar nuestras actividades regulares, hayamos adquirido una madurez constitucional que nos permita reivindicar este derecho, que tal y como lo indica la propia constitución, debe ser la regla y la columna vertebral de las actuaciones de los poderes públicos.

Es necesario mencionar que es incuestionable que el encierro al que ésta pandemia nos ha sometido, nos hace comprender los efectos negativos que tiene para la vida de un ser humano, el ser cohibido, limitado o restringido de su libertad, aún, se encuentre en su propia casa, con las comodidades y calidez que sólo brinda el hogar. Por esto la cantidad de mensajes en las redes sociales que hacen alusión a la forma en que de manera individual y social, estamos enfrentando el aislamiento.

Y es que, a mi modo de ver, y según la propia Carta Magna, el bien jurídico más preciado para la humanidad después de la vida y la salud, es, sin duda alguna la libertad. Y es que aún en nuestras casas, y todos ahora somos testigos de esto, la restricción de libertad tiene una incidencia en toda la dinámica de la vida del ser humano y muy especialmente, tienes sus secuelas en la salud mental y estabilidad emocional de los individuos.

Es por esto último que, conscientes del confinamiento necesario para prevenir la propagación de la pandemia, desde el gobierno, se ha dispuesto ayuda o acompañamiento sicológico para que los ciudadanos que tengan dificultad para manejar el encierro, puedan ser tratados durante el periodo de cuarentena, sin mayores traumas y dificultades posteriores y que la cuarentena sea sobrellevada sin mayores traumas y contratiempos.

Y es que, el recogimiento por cuarentena decretado por el estado de emergencia en que se encuentra nuestro país, como otros tantos, tiene consecuencias sobre el estado anímico de las personas, más aún, cuando en los medios de comunicación y redes sociales se bombardean indiscriminadamente una cantidad importante de informaciones que aumentan y alimentan la ansiedad y el estrés del encierro, provocando en muchas personas estados de angustia, preocupación, depresión y desesperanza.

La cuarentena, pone la vida de las personas en pausa, y parecería que de vivir la vida, pasa a ser un tercero espectador de la vida. La falta de las tareas y actividades cotidianas da la sensación de que el futuro es incierto, de que se ha perdido el rumbo y la realidad puede ser confusa, y no tener claro cuándo termina el encierro para retomar las riendas de nuestra propia existencia, hace la existencia todavía mas incierta.

Y es que la libertad es el estado natural del ser humano. Nacimos para ser libres, movernos, entrar, salir, ir y venir sin restricciones y cuando a esta limitación se le suma la inercia de no realizar las actividades que nos permiten vivir, sobrevivir, disfrutar la vida y ser felices, esto definitivamente, no pasa desapercibido sino, todo lo contrario, deja secuelas negativas en nosotros mismos y en quienes nos rodean.

Es por ser la libertad la condición natural del ser humano, que el ordenamiento constitucional prevé que debe protegerse la libertad y que ante un proceso penal, la libertad debe ser la regla y no la excepción. Es de este modo que el Estado mismo trata de proteger la libertad y sus principios siempre deben ir encaminados a la protección de este derecho fundamental y humano, permitiendo que la libertad sea restringida, sólo en los casos y en las excepciones que la misma constitución y las leyes disponen, como el caso de excepción en el que nos encontramos actualmente.

No obstante lo anterior, y aunque en nuestro país, el Estado que se pretende, según la constitución, Estado constitucional, social, democrático y de derecho, la libertad en el proceso penal dominicano, indica que la libertad como regla, sólo existe en la constitución y la ley, y que en la realidad es, que la prisión es la regla y la libertad es la excepción. De ahí, que los presos preventivos, sean tantos en nuestro país.

Más aún, y en esta misma línea, muchos operadores del sistema, y una gran mayoría de la sociedad entiende que esta es la forma en que se debe proceder, y no ha sido raro escuchar o leer, que debe siempre limitarse la libertad de la persona, dejando de lado y sin importar, que ésta debe ser tratada y considerada inocente hasta que de manera definitiva e irrevocable sea comprobada su responsabilidad penal, y yo agrego, que esta decisión haya sido el resultado de un proceso en el cual se haya observado y respetado el debido proceso de ley, pues también, no es raro en el sistema, encontrar inocentes declarados culpables y peor aún, culpables declarados inocentes.

Pero en el caso de los ciudadanos investigados por hechos penales, la práctica común en los tribunales es restringir la libertad mediante la imposición de la medida de coerción de prisión preventiva o con la restricción de la libertad mediante el arresto domiciliario, ambas medidas de coerción restrictivas de la libertad de las personas y por lo tanto, las más graves de las previstas en el código.

Este último, la cuarentena que yo asimilo al arresto domiciliario, puede decirse, que es el que tenemos técnicamente los dominicanos, ya que estamos obligados a permanecer en nuestros hogares, fuera de nuestras actividades cotidianas, sin el contacto con el mundo exterior, sin la interrelación con otros seres humanos, necesidad que nos impone la naturaleza como entes sociales, ante una situación de la que no todos tenemos la claridad suficiente para asimilar y entender y ante la incertidumbre del tiempo que nos mantendremos bajo estas circunstancias y peor para quienes tenemos familia que nos asalta la incertidumbre de cómo serán cubiertas las necesidades más básicas y primarias de nuestras familias y las propias.

El coronavirus definitivamente nos ha enseñado, que contrario a los que muchos opinan, estar limitado de salir o encerrado en su casa, es una violación al derecho a la libertad. Que lejos de lo que muchos opinan, cuando a una persona se le impone el arresto domiciliario como medida de coerción no se le está dando un privilegio, se le está restringiendo la libertad con todos los efectos que ello conlleva.

Esta pandemia nos ha enseñado como operadores del sistema de justicia penal a valorar la libertad desde su justa dimensión y reconocer que es un valor de todos, al que todos tenemos derecho y que todos debemos preservar. Que cuando se priva a una persona de su libertad, debe hacerse como excepción y no como la regla, tal y como lo establece nuestra carta magna y el código procesal penal.

En definitiva, el encierro por cuarentena, nos deja entre otras muchas enseñanzas, la empatía con nuestros semejantes, mediante el reconocimiento de que somos semejantes y que la vida, la salud, la libertad y la muerte, nos hace iguales. Que cuando se imponga el arresto domiciliario, se está sometiendo a un ser humano a todo lo que hemos mencionado y más, pues a todo eso se le debe sumar el peso de tener sobre sí, todo el poder punitivo del Estado. Nos ha dejado la moraleja de que necesitamos sensibilizarnos y concientizarnos con respecto a los valores superiores y principios fundamentales de la Constitución dominicana, como lo es la libertad.

El coronavirus nos está haciendo una invitación a rescatar el espíritu de la nación y enfrentar esta pandemia con nuestro lema nacional: “Dios, Patria y Libertad”.

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