Recomendaciones (y análisis) para enfrentar los trastornos psicológicos de la cuarentena

Recomendaciones (y análisis) para enfrentar los trastornos psicológicos de la cuarentena

«Es fundamental reinventar nuestras formas de presencia para permitir una escucha sensible», explica Fernanda Tavares, psicóloga brasileña que trabaja en el sistema público de salud acompañando pacientes con trastornos mentales graves en una Residencia Terapéutica de la comunidad de la Rocinha de Río de Janeiro. Recomendaciones (y análisis) para enfrentar los trastornos psicológicos de la cuarentena

El confinamiento es una situación desconocida y de extrema dificultad para la mayor parte de la población en este momento. «¿Cómo mantener vivo el sentimiento de comunidad? ¿Cómo cuidar de los otros? En este momento, el gesto más humano que podemos tener es mostrar afectos. Es fundamental reinventar nuestras formas de presencia para permitir una escucha sensible», explica Fernanda Tavares, psicóloga brasileña que trabaja en el sistema público de salud acompañando pacientes con trastornos mentales graves en una Residencia Terapéutica de la comunidad de la Rocinha de Río de Janeiro.

Las Residencias Terapéuticas son casas a cargo del Estado para promover la readaptación social de personas que pasaron largos periodos internadas en centros psiquiátricos. Tavares actúa también como psicóloga en una ONG que atiende a adolescentes que pasaron por situaciones de violencia, así como a pacientes que recibe en su consultorio privado de psicoanálisis.

En entrevista para RT, Tavares analiza los principales efectos psicológicos de la dispersión del coronavirus, sobre todo entre la población más vulnerable de Brasil. Esta psicóloga aborda también la necesidad de visibilizar los cuidados en salud mental y ofrece algunos consejos para resistir al confinamiento.

RT: ¿Qué implica la distancia social impuesta por la actual situación sanitaria en el caso del trabajo de la terapia psicológica y psicoanalítica?

F.T.: Esta situación es compleja para todos. Más allá de los consultorios, brota la incertidumbre de cómo establecer lazos de afecto y solidaridad cuando la distancia social se impone. Creo que es un momento muy apropiado para que los profesionales de la salud mental nos cuestionemos sobre el significado de la presencia. Distancia no significa ausencia. Debemos pensar seriamente en la calidad de nuestra presencia en nuestros encuentros con los otros, aunque sean cibernéticos.

RT: ¿Cuáles son las principales consecuencias psicológicas que ha podido observar como resultado de la cuarentena o de la preocupación provocada por la pandemia de coronavirus?

F.T.: El efecto más inmediato de una pandemia como esta es el miedo a lo desconocido, ya que nunca antes habíamos vivido una situación parecida, ni en nuestra generación ni en la anterior. No saber qué caminos se abrirán para la humanidad después de esta experiencia asusta.

El miedo es un sentimiento fundamental para nuestra preservación, gracias a él podemos estar más atentos, estar alerta y tomar ciertos cuidados frente a un posible riesgo. En este sentido es fundamental el miedo para orientar el auto cuidado y el cuidado de otros. No obstante, el miedo puede tomar proporciones patológicas de mayor sufrimiento, como la ansiedad y el pánico. Es muy importante estar atento a esto. Estamos observado cuadros de ansiedad en personas que antes no presentaban estos síndromes.

El miedo en una situación como la actual también se deriva de la preocupación de perder algo, ya sea perder una persona querida, sea perder el trabajo o de perder la rutina de vida. Uno de los elementos que agudiza este sentimiento es el exceso de información ya que esto empeora la ansiedad, provoca irritabilidad, estrés y sentimiento de impotencia. Es muy importante filtrar las informaciones debido al riesgo de caer en una de las múltiples informaciones falsas o bulos que están circulando, para ello lo más adecuado es consultar fuentes fiables, dosificar la exposición a las noticias diarias y no caer en el abordaje compulsivo y continuo del asunto del coronavirus.

Estamos observando también muchos episodios de hipocondría. Algunas personas comienzan a sentir los síntomas del covid-19 asociados a estados de ansiedad lo que puede provocar dificultad para respirar y otras alteraciones en el cuerpo. Es muy importante estar atento a las manifestaciones que surgen en el cuerpo físico en este momento.

RT: ¿Cuáles son los mecanismos de defensa mental más comunes que las personas muestran en estos momentos?

F.T.: Estas reacciones son muy personales y dependen de varios factores. No obstante, la negación está siendo común. Este suele operar como un mecanismo de defensa, muchas veces inconsciente, frente a una realidad difícil de aceptar. Curiosamente, esta actitud está siendo más palpable entre la población más mayor, que es quien compone el mayor grupo de riesgo frente al virus. Esta observación no se corresponde únicamente a Brasil. En Italia, por ejemplo, ha sido frecuente observar a muchas personas de edad avanzada que acuden al supermercado con una cierta asiduidad e intentan socializar durante el momento de las compras. Le sacan conversación a otras personas como forma de paliar la sensación de soledad.

RT: ¿Por qué es importante no olvidar en este momento de crisis sanitaria a las personas con trastornos psiquiátricos?

F.T.: Estas personas suelen vivir de por sí en una cierta invisibilidad debido al estigma generalizado sobre los trastornos mentales. Es importante recordar que existen muchos «invisibles» en este momento de crisis, comenzando por las personas sin techo, muchos de ellos, inclusive, también con trastornos mentales. Si bien están surgiendo estrategias para acoger a estas personas, todavía falta una política de protección más incisiva.

La salud física no puede disociarse de la mental, por eso en este momento de gran presión psicológica es tan importante que tengamos eso presente. Como dijo recientemente el psiquiatra italiano Roberto Mezzina, «la salud mental es la hija de un dios menor de la medicina» y en un momento de pandemia y de urgencia puede acabar aún más relegada, tanto en Italia como en Brasil.

Fernanda Tavares, psicóloga brasileña

En Brasil hay muchísimos trabajadores informales que si paran sus actividades no tienen lo que comer ese día. Por tanto, la negación de la gravedad de la crisis es un recurso de defensa psicológica para estas personas frente a la incertidumbre

RT: Usted trabaja acompañando perfiles de pacientes muy diversos, ¿cómo ha percibido en general que han reaccionado las personas que ya padecían de algún trastorno mental previo?

F.T.: Los efectos están siendo muy diversos y es muy importante considerar la singularidad de cada persona. Algunas personas que antes no presentaban ningún trastorno metal están viviendo algunos cuadros de ansiedad o depresión. En otros casos, los síntomas ya preexistentes se han intensificado frente a la dificultad de lidiar con una amenaza que se coloca ahora de forma colectiva. Además de eso, algunos de los psicólogos y psiquiatras con los que he conversado en los últimos días hemos observado un efecto curioso en algunos pacientes que afirman sentirse más comprendidos o adaptados al mundo en estas circunstancias que antes. Algunos se sienten menos solos que antes o consideran que los cuidados minuciosos que debían tener consigo mismos debido a alguna enfermedad metal o física que ya padecían se ajustan mejor ahora a la realidad que vivimos.

RT: Usted es coordinadora de una Residencia Terapéutica donde convive un pequeño número de pacientes que provienen de largos internamientos psiquiátricos. ¿Cuál es la principal vulnerabilidad de estas personas y cómo se han preparado para enfrentar la cuarentena?

F.T.: Hemos dado orientaciones para disminuir la circulación de los trabajadores y limitar la salida de las cinco personas que viven en la Residencia. Pero lo más importante de este servicio es que se trata de una construcción de un hogar, por eso mismo no podemos interrumpirlo en este momento. Lo único que podemos hacer en esta situación es minimizar el contacto físico entre las personas dentro de lo posible, pero a diferencia de un servicio común de atención sanitaria, nosotros no podemos reorganizar la forma de recibir a nuestros pacientes puesto que son los propios habitantes de la casa. No obstante, la mayoría de estas personas integran el grupo de riesgo frente a la pandemia: muchos fuman, otros han tenido enfermedades como la tuberculosis o la neumonía, hay cuadros de sobrepeso o de hipertensión.

RT: ¿Cómo están afrontando el confinamiento estos pacientes con trastornos psiquiátricos?

F.T.: Están consiguiendo adaptarse muy bien. Para ellos lo más difícil es no poder ir a pasear. Reacostumbrarse a salir a la calle y relacionarse con las personas es el principal sentido del trabajo de la Residencia. La mayoría de ellos han pasado la mitad de sus vidas internados, alrededor de 20 años en un hospital psiquiátrico, y les preocupa perder la autonomía de transitar por la ciudad que han adquirido en estos últimos años en la Residencia Terapéutica. Tenemos que estar muy atentos y sensibles para que entiendan que no van a perder su derecho a circular por la ciudad.

Fernanda Tavares, psicóloga brasileña

Cuando Bolsonaro dice cosas como «el trabajador informal necesita trabajar para garantizar el sustento de su familia», está excluyendo cualquier posibilidad de cuidar de esta población con una política pública. Esto provoca una sensación de desamparo en estas personas

RT: La Residencia Terapéutica se encuentra en uno de los barrios de Río de Janeiro con menor renta económica, la favela de la Rocinha. ¿Cómo considera usted que las medidas de confinamiento y la pandemia afecta psicológicamente a esta población con menos recursos?

F.T.: Como mencionaba anteriormente, la dispersión de la pandemia está provocando diversos miedos. En estos barrios más humildes se les suma el miedo a pasar hambre. Muchos niños se alimentaban gracias al almuerzo que recibían en las escuelas, que ahora están cerradas. Frente a la falta de perspectivas económicas, ya que muchos viven día a día, y al desamparo del Estado, abunda el sentimiento de impotencia.

Para una gran mayoría de los habitantes de la Rocinha, la cuarentena no es una opción. En Brasil hay muchísimos trabajadores informales que si paran sus actividades no tienen lo que comer ese día. Por tanto, la negación de la gravedad de la crisis es un recurso de defensa psicológica para estas personas frente a la incertidumbre de como atravesar esta crisis. Es común escuchar en estos barrios o entre las personas que trabajan como repartidores, limpiadores o porteros que la «cuarentena es cosa de playboys (de la gente rica)».

RT: La población brasileña está recibiendo consignas bien diferentes. Los gobernadores de los estados adoptaron medidas de confinamiento, cierre de comercios y escuelas, pero el presidente minimizó los riesgos del coronavirus y animó a las personas a «volver a la normalidad», así como reapertura de los establecimientos. ¿Cómo afecta a la población esta situación confusa y la falta de unas recomendaciones sanitarias claras?

F.T.: Nuestro presidente se muestra totalmente contrario a las orientaciones sanitarias mundiales. Estamos frente a un escenario político complejo. La contradicción en las determinaciones sanitarias que estamos viviendo afecta principalmente a los sectores más humildes. Muchos se informan a través de la televisión y después de ver el último discurso del presidente, en el que negó claramente la gravedad de la pandemia, el número de personas en la calle aumentó. El mayor impacto de todo esto es que Jair Bolsonaro, el presidente, dice cosas como «el trabajador informal necesita trabajar para garantizar el sustento de su familia» y con estas afirmaciones excluye cualquier posibilidad de cuidar de esta población con una política pública que esté a la altura de este momento. Esto provoca una sensación de desamparo en estas personas.

Si bien acaba de ser sancionada una ley que aprueba una renta básica de emergencia para las familias con necesidades económicas, todavía se necesitará un tiempo para implementarla y que las personas reciban el beneficio.

RT: El coronavirus está provocando, como efecto secundario, que los servicios de salud puedan desatender otras áreas. ¿Cómo evaluaría este impacto en el sector de la salud mental?

F.T.: Está siendo urgente reorganizar la atención del servicio de salud pública en Brasil. Los ambulatorios ya solo atienden casos de mucha urgencia. Las actividades colectivas o de convivencia diaria del servicio de salud mental se han suspendido y esto ha afectado a los pacientes que estaban acostumbrados a esta rutina. Los psicólogos en general están reconfigurando sus formas de trabajos, no pueden recibir a sus pacientes en los consultorios y se deparan con la necesidad realizar las consultas por internet. Por eso es importante pensar en nuevas formas de presencia y acompañamiento.

Existe una profunda crisis en el sistema público de salud brasileño. Varios sectores sufrieron drásticos recortes de presupuesto y de personal en los últimos meses, hay ausencia de insumos y muchos servicios han sido terciarizados para que sean administrados por Organismos Sociales privados. La crisis del coronavirus nos ha pillado frágiles. Además, estamos observando un crecimiento de los casos de violencia doméstica y la red de atención y de apoyo a estos casos se ha debilitado considerablemente frente a la reducción de trabajo por cuarentena. No obstante, se están formando redes solidarias para ofrecer atención psicológica gratuita, tanto a los trabajadores de la salud pública como a la población en general.

RT: ¿Qué recomendaciones daría para enfrentar psicológicamente los efectos del  confinamiento y de la preocupación por el coronavirus?

F.T.: Es importante observar las señales del cuerpo, los sentimientos y los afectos que nacen en este momento. Si se despierta un sentimiento de miedo, podemos preguntarnos si este es antiguo, si ya se había manifestado de esta forma antes y con qué situaciones estaba relacionado. Es esencial la acogida de todos los pensamientos, no banalizar nada que nos pase ni tampoco negarlo. No obstante, y en la media de los posible, debemos cuidarnos a nosotros mismos y a las personas que están a nuestro alrededor respetando también nuestros límites.

Respirar de forma consciente puede ser un gran primer paso para comenzar a disolver un nudo de ansiedad. Evitar el exceso de información es fundamental para nuestra salud, por tanto podemos intentar filtrar y dosificar lo que nos llega. Pensar y conversar sobre otros asuntos más allá del coronavirus es altamente recomendable. Si bien el contacto con otras personas es esencial, es también importante estar atento para no acabar pegado al teléfono ni tampoco al ordenador para las personas que están trabajando desde casa. O sea, la clave ahora está en respetar los límites de cada actividad, aceptar que habrá altos y bajos. Es importante no esperar un rendimiento específico de nuestra productividad y poder aceptar cada estado.

Es un buen momento para descubrir lo que a cada uno le gusta más hacer o lo que le produce más placer. Es importante intentar conectarnos con la dimensión del momento presente y darle sentido a este aislamiento.